miércoles, 11 de septiembre de 2013

Como nunca, como siempre

- ¿Qué es lo último que quieres ver de Madrid?
- A ti.

Y me llevaste lejos.
Paraste el coche, y el deseo nos llevó a los asientos de atrás.
Me besaste como nunca, como siempre.
Me desnudaste, con la respiración acelerada.
Te desabroché la cremallera del pantalón,
mis dedos se perdieron,
y llenamos la noche de ropa interior en el suelo.
Mis manos resbalaban por el sudor de tu pecho,
y tus uñas se clavaban en la curva de mi espalda. 
Me follaste como nunca, como siempre.
Y empañamos los cristales mientras fuera llovía.

martes, 28 de mayo de 2013

Evitándote

Lo primero que leo de un libro es su última frase.
De todas mis manías, puede que esta sea una de las más absurdas.

Me he acostumbrado a pensar en los finales antes que en los principios,
y decidí terminar nuestra historia antes de que empezara.

(Por miedo a que acabase con un "nosotros").

miércoles, 24 de abril de 2013

Tú, y tu manía de no dejarme dormir

Son las 6 de la mañana. Otra vez tú.

Tú, y tus ganas de no dejarme dormir.
Esa habilidad tuya de enredar lo inevitable me ha estado persiguiendo toda la noche llenándome de vértigo, de dudas.
De tiempo que se pierde en besos que no se dan.

Has conseguido deshacerme.
Te has hecho dueño, sin permiso, de mis debilidades y de mi orgullo.
Has roto mi capacidad para controlarlo todo y ya sólo puedo responderte con gemidos mientras desabrocho uno a uno los botones de tu camisa.

Imagíname.
Frágil ante la posibilidad de perderte o de dejarme perder yo.
Hermética. Imperceptible.
Impredecible. 

Hasta que vuelvas a complicarlo todo con un "quédate a dormir".

viernes, 1 de febrero de 2013

Convénceme

Ven, y dime qué me estoy perdiendo por no creer en el amor.

A parte de los escalofríos que siento cuando me tocas,
el sabor de tus labios cuando me muerdes la sonrisa,
tus miradas, cargadas de segundas intenciones,
tu olor después de haberse mezclado con el mío,
y tus gemidos.

miércoles, 23 de enero de 2013

Autocontrol

Ahí estás, después de tanto tiempo, sentado a un par de mesas de mí. Pides un café solo; qué ironía, así es como lo prefieres todo. Sin ningún extra, para que no haya complicaciones. Esa manía tuya de esquivar lo difícil dice mucho de tus inseguridades. Agradezco que estés de espaldas, aunque tengo debilidad por la curva de la tuya. Es la única manera de evitar la conversación que nos quedó pendiente. De todas formas, lo cierto es que no me interesan tus explicaciones. Ya no. Y tampoco me apetece saber que nunca saldrá de tu boca el "me he equivocado" que tanto esperé en su momento. Llámame egoísta, pero no somos tan diferentes: yo también sé protegerme de lo que me puede hacer daño.

- Para cuando te fuiste, el último sorbo de mi café ya estaba frío. El borde de la taza quedó manchado de pintalabios rojo, marcas que tendrían que haberse quedado entre tu boca y el cuello de tu camisa. Restos que no hacían más que recordarme que no quiero ser yo quien se pierda por no haberte olvidado a tiempo.

martes, 8 de enero de 2013

Considéralo mi punto y a parte

El invierno ha congelado los besos que no nos dimos, las esperas que nunca llegaron a tiempo, las camas que no deshicimos, la respiración agitada... Y también las ganas, las preguntas sin respuesta, la rabia.
Considéralo mi punto y a parte. Déjame que crea que la decepción y el asco no son una forma fácil de esconder algo más fuerte. No vuelvas para romperme los esquemas, hacer que me tiemblen las piernas, y ser esa persona a la que no puedo mirar más de tres segundos seguidos.
No vamos a avanzar nunca si "lo que podría haber sido" no nos deja.