miércoles, 23 de enero de 2013

Autocontrol

Ahí estás, después de tanto tiempo, sentado a un par de mesas de mí. Pides un café solo; qué ironía, así es como lo prefieres todo. Sin ningún extra, para que no haya complicaciones. Esa manía tuya de esquivar lo difícil dice mucho de tus inseguridades. Agradezco que estés de espaldas, aunque tengo debilidad por la curva de la tuya. Es la única manera de evitar la conversación que nos quedó pendiente. De todas formas, lo cierto es que no me interesan tus explicaciones. Ya no. Y tampoco me apetece saber que nunca saldrá de tu boca el "me he equivocado" que tanto esperé en su momento. Llámame egoísta, pero no somos tan diferentes: yo también sé protegerme de lo que me puede hacer daño.

- Para cuando te fuiste, el último sorbo de mi café ya estaba frío. El borde de la taza quedó manchado de pintalabios rojo, marcas que tendrían que haberse quedado entre tu boca y el cuello de tu camisa. Restos que no hacían más que recordarme que no quiero ser yo quien se pierda por no haberte olvidado a tiempo.

1 comentario:

  1. Transporta. Llevas al lugar, a la sensación. Hacer eso con palabras es magia.

    Enhorabuena!

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