Que con sólo rozarme me erices la piel, y memorices en tus
manos cada curva de mi cuerpo. Que me muerdas la boca y me tiemblen las
piernas.
Que apaguemos Madrid con las ganas de tenernos. Que me dejes
ser dulce, y a la vez salvaje. Que amanezcas, desnudo, enredado en mis
sábanas.
Y que nunca sepamos qué viene después.
Y que nunca sepamos qué viene después.
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